Caminar y perderse por los rincones de Venecia es uno de los mejores placeres que se puede dar en la vida. Pero, eso sí, sin cargar una maleta, porque sino puede resultar un calvario subir y bajar las gradas del mismo puente tres o cuatro veces si no tiene un GPS que lo guíe o un mapa.
El último día que me despedí de Venecia comenzó a llover, pero las góndolas no pararon su recorrido, y los gondoleros le pusieron un toque romántico con música al recorrido.
